Biografías
Fulgencio Yegros
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Fulgencio Yegros nació en el año 1780 en Quyquyhó distrito de Paraguari. Descendiente de una familia tradicional de la época de la colonia, fue hijo de José Antonio Yegros y de Ángela Franco de Torres. Tuvo 2 hermanos: Antonio Tomás y José Agustín; juntos se incorporaron a la carrera militar.
Se caso muy joven, 6 meses después de la gestación de la independencia, con Doña Josefa Facunda Speratti y Uriburu, más conocida como la “novia de la Independencia”, una joven mujer que acompañó a los jóvenes insurrectos durante el proceso de gestación de la Independencia en 1811.
Tuvieron cuatro hijos, Anunciación, Josefa Dámaza, Rómulo José y Ángel Ignacio.
Desde muy joven tuvo una participación activa en el proceso de emancipación de la patria. Con el grado de alférez (oficial de menor graduación, inmediatamente inferior al teniente) a los veinte o poco más años, participó en la batalla para reconquistar Coimbra en setiembre de 1801 que estaba en manos de portugueses, con el fin de desalojarlos de la región, pero esta batalla fracasó. En ella cae prisionero en un encuentro al Norte del río Apa y luego lo liberaban por canje.
Ya con el grado de teniente, en 1807, formó parte del Ejército Paraguayo en defensa a las invasiones inglesas al Río de la Plata. En esa batalla es herido, y a consecuencia de ello fue destinado al destacamento que resguardaba uno de los pasos del Río Paraná.
Por su valentía en los combates de Paraguari y de Tacuary fue nombrado Teniente Coronel, y designado Gobernador de los treinta pueblos de las Misiones con sede en Itapúa.
Fulgencio Yegros no estuvo de forma presencial en la gesta del 14 y 15 de mayo de 1811, pero informado por Cavallero viajo a la capital donde fue recibido con fervor popular y aclamado como Jefe auténtico de esta gesta patria, el 21 de mayo.
Más tarde, el 17 de Junio de 1811, convocado el Congreso, lo nombraron Primer Presidente de la Junta Superior Gubernativa.
Fulgencio Yegros se mantuvo en el gobierno pocos años. Sin embargo propuso políticas, a partir del la independencia, basadas en la democracia. Algunas de ellas fueron el de impulsar la instrucción pública y la educación superior, la apertura de la Sociedad Patriótica Literaria, la reapertura de la Cátedra de Latinidad en el Colegio de San Carlos, el proyecto de creación de la Facultad de Matemáticas y además, iniciaron las gestiones para la adquisición de una imprenta y de la biblioteca que había pertenecido a Mariano Moreno, el prócer argentino. Fuente: Crónica Histórica Ilustrada del Paraguay- Tomo II – Paraguay Independiente
Distribuidora Quevedo de Ediciones- Segunda Edición abril de 1983
Pág. 335
Pedro Juan Cavallero
Nació en Tobatí, actual departamento de Cordillera, en 1786. Hijo de Lucía García y el comandante Luis Cavallero. Asistió a la defensa de su patria, cuando Belgrano y su ejército expedicionario, amenazaron Paraguay, al frente de los milicianos de su pueblo.
Combatió febrilmente en Paraguari y Tacuary. Poco antes de esta última acción, fallecía su padre, en el desempeño de su deber, en los campos del Tacuary.
Llegamos así al año revolucionario, 1811, en donde Cavallero, con el grado de capitán gozaba, en la guarnición de Asunción, de prestigio suficiente, para encarar la responsabilidad que la revolución requería.
Temeroso de una traición, consulta al Dr. Francia ajeno, hasta ese momento, a la conspiración revolucionaria. Así asumió la responsabilidad de adelantar la fecha, al 14 de mayo y acompañado del alférez Vicente Ignacio Iturbe ingresó al Cuartel de la Ribera, y luego de sublevar la guarnición, ambos asumieron el mando hasta la llegada de Yegros. Envió diversas intimaciones al gobernador Velasco, por medio del alférez Iturbe. Dichas intimaciones o algunas de ellas, al menos, fueron redactadas por Francia pero firmadas por
Cavallero. Por eso suele decirse que la revolución fue realizada por la acción principalísima de tres figuras: la de Yegros con el prestigio de la jefatura superior, la de Francia con su asesoramiento y la de Cavallero, su brazo ejecutor… El mismo 14 mayo se instalaron en el Cuartel de Infantería y respondían a su mando el Cuartel de la Rivera y el de Maestranza de Artillería.
Es indudable que Cavallero no fue oportunista, ni trepador, reconoció desde el principio como jefe a Yegros y cuando se instaló el Triunvirato como gobierno provisorio, no participó de él, actitud que lo enaltece.
Dicho Triunvirato fue formado por Francia, el capitán Juan Valeriano de Zeballos y el gobernador Velasco. Una vez convocado el primer Congreso nacional, fueron nombrados oficialmente por los concurrentes, miembros de la Junta Gubernativa (17-VI-1811).
Cavallero y Fulgencio Yegros fueron los únicos miembros que completaron su ciclo en la nombrada junta, pues por diversos motivos y circunstancias el Dr. Francia, el presbítero Bogarín y don Fernando de la Mora se separaron de ella.
Omar Quiroga
Crónica Histórica Ilustrada del Paraguay- Tomo II – Paraguay Independiente
Distribuidora Quevedo de Ediciones- Segunda Edición abril de 1983 Pág. 345
Serafina Dávalos
Después de casi 100 años de la Independencia hubo otra generación, liderada por mujeres, que lucharon por profundizar nuestra república, en el sentido de ampliar la participación de todos los ciudadanos y todas las ciudadanas en el destino de nuestra sociedad. Como representante de dicho momento se encuentra la joven Serafina Dávalos, que pensaba que una independencia basada en la libertad y la igualdad no tenía sentido si no participaban y votaban las mujeres.
Como era el contexto en la ciudad donde vivía Serafina
(…)Maestra de un país cuya población escolar no sobrepasaba las treinta mil personas, encabeza en enero del 1896 la lista de firmantes de una nota, demandando la creación de una Escuela Normal de Maestras, dirigida al Superintendente de Instrucción Pública. Se había fundado poco antes la de Maestros, y las once egresadas del curso de preceptoras de la Escuela Graduada de Niñas de la Capital. ¿Contaría alguna con más de veinte años? Defienden su derecho a “extender sus conocimientos secundarios y adquirir un título profesional que represente el mayor caudal del saber”. Pasión de conocimiento ligada precozmente a reivindicaciones igualitarias: Las demandantes expresaban confianza en la aceptación de su solicitud, dado que “la mujer tiene tanto derecho a la consideración de los poderes públicos como los varones”.(…)
(…)¿Cómo transcurría la vida cotidiana en esa pequeña capital de sesenta mil habitantes, escindida entre las recientes ostentaciones de urbe aporteñadas y sus múltiples huellas de bucólica aldea ribereña? Los viajeros europeos insistían en señalar los contrastes de Asunción, y el gobierno del General Benigno Ferreira (noviembre de 1906/julio de 1908) dedicó todas sus energías y muchos de sus edictos a ampliar aún más las brechas existentes: A civilizar lo que para la percepción “argentinista” de algunos de sus miembros no eran sino resabios de la barbarie local.
Una sola calle – Palmas desde Alberdi hasta 14 de Mayo- estaba pavimentada en madera. Sobre este “Petit Boulevard” deban el lujoso Hotel hispano-Americano- y su centenar de habitaciones con agua corriente y luz eléctrica, sus salones de banquete, su restaurant con servicio “á la carte”-; el más importante comercio de la época, la casa Rius y Jorba, con sus cien empleados y sus ricos tejidos europeos; el Bazar Inglés y el elegante Centro Español. Era éste el más selecto de los clubes sociales asunceños, tenía entre sus instalaciones mesas de buffet y cantina, salones de baile y de billar, peluquería, una amplia sala de lectura de periódicos y una biblioteca. Una docena de casas de moda proveía de ropa confeccionada a las matronas asunceñas, y las más acomodadas acostumbraban importar sus mejores “toilettes” de comercios parisinos. Francia era, de todos modos, el centro indiscutido de la cultura y el refinamiento: los libros teóricos que llegaban a los escasos consumidores locales eran leídos en francés, y era esa la lengua que las “clases cultas” o acomodadas del país aprendían. En francés se declamaban poemas y citaban frases célebres, y a Paris se enviaban traducciones de las obras de escritores y propagandistas nacionales.(…)
(..)El Instituto Paraguayo, fundado hacia 1890, contaba con unos ciento cuatro estudiantes a comienzos de siglo, de los que seis eran mujeres. Respetado espacio de discusión y formación, sus salones se convirtieron en tribuna de teóricos y conferencistas europeos como Pietro Gori, Rey de Castro, Guido Boggiani, Moisés Bertoni, Viriato Díaz Pérez y Rafael Barret. La Revista del instituto editaba artículos históricos, antropológicos y de Geografía Natural, y logró una continuidad remarcable.
Tres intelectuales -Manuel Gondra, Cecilio Báez y Manuel Domínguez- eran maestros reconocidos de la intelectualidad paraguaya, y en las artes plásticas, el taller de Da Ponte estaba formando la nueva generación de artistas locales: Samudio, Alborno, Colombo, Almeida, etc.
Cinco diarios –El Cívico, El Diario, Los Sucesos, La Patria y La Ley- y varios periódicos (Tribuna, El Pueblo, El Enano, Rojo y Azul, etc.) se distribuían en la capital, donde llegaba también regularmente la prensa bonaerense. Las revistas satíricas –Cri-Kri, Tipos y Tipetes, Rojo y Azul- gozaban de mucha popularidad, y El Enano, con caricaturas humorísticas y artículos en guaraní y español, tenía una extraordinaria aceptación en medios populares.
Carreteros, burreras, peones, placeras, mujeres de pueblo, todos de tez morena, vestidos de blanco e indefectiblemente descalzos, hombres armados y emponchados, mujeres envueltas en oscuros rebozos, eso era lo que Elías García –el jefe de la Policía que hizo carrera en Buenos Aires- pretendía desterrar fuera de los limites de una Asunción que se quería elegante y señorial. Edictos contra el uso de ponchos, contra el consumo de cigarro poguasu entre las mujeres, contra sus llamativos mantos, e intentos de desalojar el Mercado Guasu del centro de la ciudad se repiten infructuosamente en esos años. El guaraní intentó ser reprimido con nuevo rigor, y Mons. Bogarín despotricaba en sus Cartas Pastorales contra las heterogéneas manifestaciones de religiosidad popular –los pesebres al niño Dios, los Curusu-Yegua, los kamba ra`anga, y sobre todo, contra los festivos velorios de “angelitos”-, sin mayor éxito.(…)
Humanismo. Serafina Dávalos (Centro de Documentación y Estudios CDE. 2007. Segunda Edición) Págs XVI – XIX. Presentación de Milda Rivarola.
Y en cuanto al escenario político podemos ver que el mismo era muy agitado y convulsionado, del mismo material consultado resaltamos cuanto sigue:
(…)Una joven generación de intelectuales –Juan E. O’ Leary, Modesto Guggiari, Ignacio A. Pane, Gómez Freire Estévez- empieza a manifestar posiciones nacionalistas hacia 190,. que irremediablemente pasaban por la polémica en torno al Mcal. López y la Guerra Grande. De las discusiones teóricas se pasa a los actos, y en setiembre de ese año una manifestación en honor al Gral. Diaz, héroe de la Guerra de la Triple Alianza –donde hablan Pane y O’ Leary- es brutalmente reprimida por los efectivos de García. Jóvenes descontentos con la gestión de liberal fundan un efímero Partido Constitucionalista o de la Juventud Independiente, con lemas antipartidarios, y el Coronel Albino Jara, próximo a ellos, da un golpe contra el Gral. Ferreira al año siguiente. Golpe que algunos historiadores vieron como reacción lógica contra las arbitrariedades del Jefe de la policía Elías García y sus impopulares medidas.
1907, año de una aguda crisis económica, fue también el del primer reflujo del movimiento obrero, que había logrado un marcado desarrollo desde la revolución liberal de 1904. La Federación Obrera Regional del Paraguay (FORP) se constituye en 1906 y edita durante dos años su órgano, El Despertar. Algunos gremios –ebanistas, albañiles- reivindican y obtienen la jornada máxima de 8 horas de trabajo, y la radicalidad de algunas huelgas –en el ferrocarril, entre tranviarios, carreteros, peones de aduana, etc.- al año siguiente encuentra la violenta reacción patronal: empresarios madereros y propietarios de hojalaterías inauguran en Asunción la práctica de lock-out (huelga patronal) o cierre de fábricas, como respuesta a las huelgas obreras.(…)
Humanismo. Serafina Dávalos (Centro de Documentación y Estudios CDE. 2007. Segunda Edición) Págs XVI – XIX. Presentación de Milda Rivarola.
“La llamada República Americana es una oligarquía de hombres. Nuestras soñadas libertades no nos caerán del cielo, hay que luchar por ellas para obtenerlas” (Dávalos, 1990; p. 38).
Dávalos, Serafina
“Fue la primera abogada y considerada la primera feminista del Paraguay. En 1907 había obtenido el grado de doctora en Derecho a la edad de 24 años con la presentación de sus tesis “Humanismo”, la cual es una ferviente defensa del feminismo, a más de una crítica del sistema cultural, educativo, político y jurídico del Paraguay en ese entonces. Un párrafo de su obra expresaba lo siguiente: “Si queremos construir un país verdaderamente democrático en que la libertad, la justicia y la igualdad, sean hermosas realidades, debemos empezar por organizar el hogar, sobre la base de una perfecta igualdad”. Pensamiento de notable vigencia en la actualidad.
Nació Serafina Dávalos en la ciudad de Ajos, hoy Coronel Oviedo, en 1883. De niña se trasladó con sus padres a Asunción. En 1898 egresaba de la Escuela Normal de Maestras y luego del Colegio Nacional de la Capital. En 1908 ocupaba el cargo de miembro del Superior Tribunal de Justicia, el organismo de más alto rango en el Poder Judicial. Fue la primera mujer en conquistar dicho cargo. Atipicidad docente y su magnífica profesión de abogada le permitieron obtener una solvencia económica en las primeras décadas del siglo XX.
Fue una bizarra pacifista. En 1904 firmó con otras mujeres una solicitud de paz a los revolucionarios de la guerra civil que terminó con la caída del Partido Colorado y el advenimiento del Partido Liberal en el gobierno de la República.
Ganó fama como intelectual. En 1907 integró el cenáculo de “La Colmena”, sitio adonde acudían los más ilustres pensadores de la brillante generación del 900. Uno de ellos, Rafael Barrett ilustrado anarquista de origen español que ejerció gran influencia en las ideas libertarias en las primeras décadas de este siglo, llamó a la Dávalos “La reina de La Colmena”, “Una colmena sin reina, no está completa”. Y ella desempeñó ese rol.
Reconocida internacionalmente. En 1910 asistió como delegada oficial del Paraguay al Congreso Internacional Femenino celebrado en Buenos Aires, donde presidió la Comisión de Derecho y, a pedido de la organización, clausuraba el evento con un elocuente discurso. Allí mismo fue nombrada Miembro del Comité Ejecutivo de la Federación Panamericana de Mujeres. Fue además cofundadora del Centro Feminista Paraguaya en 1920. Sus actividades educativas y feministas le permitieron desempeñar varios cargos de relevancia en organizaciones de ese género.
Falleció en la más triste pobreza el 27 de setiembre de 1957. Sus restos descansan en el Cementerio de la Recoleta. “Por sus actividades y creencias positivistas se le negaron funerales cristianos” (M. G. López Moreira)
Forjadores del Paraguay (pags. 184-185)
Algunas frases y escritos de Serafina
- Fragmento del discurso de Serafina Dávalos en la clausura del Primer Congreso Femenino Internacional de la República Argentina, organizado por la Asociación “Universitarias Argentinas” en Buenos Aires, Mayo de 1910
“En primer lugar, el carácter democrático del Estado, es puro “mito “, porque la “democracia”, que supone como “condictio sine qua non”, la igualdad, la libertad, el respeto de la propiedad, no podría admitir fueros de nacimiento, haber nacido varón o mujer, privilegios de clases, según el sexo al que pertenecen los individuos, consagraría de verdad los principios de los cuales orgullosamente blasona. Sin embargo, en todos los países en cuya carta magna no se hacen declaraciones expresas, privando a la mujer del derecho al sufragio, debe entenderse que no se halla excluida de él, porque toda vez que se trata de interpretar las leyes hay que ampliar el sentido de las favorables y restringir las desfavorables; este principio de interpretación es de aceptación universal por el espíritu de justicia que informa y por hallarse rigurosamente ajustada a los preceptos de la razón y de la equidad. En cuanto a la constitución particular de mi país, se decirles que la ciudadanía es común al varón y a la mujer, puesto que en su Art. 35 estatuye que son ciudadanos paraguayos “todos los nacidos en territorio paraguayo”, y en su Art. 38 declara que pueden ejercer el derecho del voto los ciudadanos desde la edad de 18 años, siempre que no tengan los impedimentos legales establecidos en el artículo siguiente y al hacer la enumeración de ellos, no menciona la condición de sexo como impedimento; y la regla principal de interpretación la establece en el Art. 23, sentando que: “Nadie está obligado a hacer lo que no manda la ley, ni privado de hacer lo que la ley no prohíbe”, y el Art. 34, complementa declarando que los principios, derechos y garantías no enumerados, pero que se desprenden del principio republicano de gobierno, son igualmente consagrados por la Constitución”.
Alquimistas. Line Bareiro, Clyde Soto, Mary Monte. Centro de Documentación y Estudios. Asunción. 1993. p. 75
Un comentario que hace Josefina Plá sobre Serafina publicado en el suplemento cultural de ABC Color en los días 7 y 14 de abril del 1991 dice cuanto sigue:
“… No es tarde para leerlo. Todo lo que dice tiene hoy para infinitas de nosotras –doloroso decirlo- el mismo duro y vibrante valor clarificador. Aún pueden leerse sus páginas enteras sin cambiarle una coma…
Leedlo, mujeres paraguayas… “Quien lee ese libro, lee a una mujer”, paraguaya de cuerpo y alma enteros, que es también la mujer universal del porvenir que la mente bárbara del “progreso” se lleva consigo, si ella no llega a tiempo con su intervención para madurar otra Historia de la Humanidad. Y que dijo su verdad –que es la de cada uno de nosotros- por igual, a hombres y mujeres, a la vez. Para lo cual se necesita ser mujer, muy mujer” Josefina Plá
Alquimistas. Asunción 1993. Centro de Documentación y Estudios. pag. 87
Comentario a la edición facsimilar de Humanismo, de Serafina Dávalos
Después de casi 100 años de la Independencia hubo otra generación, liderada por mujeres, que lucharon por profundizar nuestra república, en el sentido de ampliar la participación de todos los ciudadanos y todas las ciudadanas en el destino de nuestra sociedad. Como representante de dicho momento se encuentra la joven Serafina Dávalos, que pensaba que una independencia basada en la libertad y la igualdad no tenía sentido si no participaban y votaban las mujeres.
Como era el contexto en la ciudad donde vivía Serafina
(…)Maestra de un país cuya población escolar no sobrepasaba las treinta mil personas, encabeza en enero del 1896 la lista de firmantes de una nota, demandando la creación de una Escuela Normal de Maestras, dirigida al Superintendente de Instrucción Pública. Se había fundado poco antes la de Maestros, y las once egresadas del curso de preceptoras de la Escuela Graduada de Niñas de la Capital. ¿Contaría alguna con más de veinte años? Defienden su derecho a “extender sus conocimientos secundarios y adquirir un título profesional que represente el mayor caudal del saber”. Pasión de conocimiento ligada precozmente a reivindicaciones igualitarias: Las demandantes expresaban confianza en la aceptación de su solicitud, dado que “la mujer tiene tanto derecho a la consideración de los poderes públicos como los varones”.(…)
(…)¿Cómo transcurría la vida cotidiana en esa pequeña capital de sesenta mil habitantes, escindida entre las recientes ostentaciones de urbe aporteñadas y sus múltiples huellas de bucólica aldea ribereña? Los viajeros europeos insistían en señalar los contrastes de Asunción, y el gobierno del General Benigno Ferreira (noviembre de 1906/julio de 1908) dedicó todas sus energías y muchos de sus edictos a ampliar aún más las brechas existentes: A civilizar lo que para la percepción “argentinista” de algunos de sus miembros no eran sino resabios de la barbarie local.
Una sola calle – Palmas desde Alberdi hasta 14 de Mayo- estaba pavimentada en madera. Sobre este “Petit Boulevard” deban el lujoso Hotel hispano-Americano- y su centenar de habitaciones con agua corriente y luz eléctrica, sus salones de banquete, su restaurant con servicio “á la carte”-; el más importante comercio de la época, la casa Rius y Jorba, con sus cien empleados y sus ricos tejidos europeos; el Bazar Inglés y el elegante Centro Español. Era éste el más selecto de los clubes sociales asunceños, tenía entre sus instalaciones mesas de buffet y cantina, salones de baile y de billar, peluquería, una amplia sala de lectura de periódicos y una biblioteca. Una docena de casas de moda proveía de ropa confeccionada a las matronas asunceñas, y las más acomodadas acostumbraban importar sus mejores “toilettes” de comercios parisinos. Francia era, de todos modos, el centro indiscutido de la cultura y el refinamiento: los libros teóricos que llegaban a los escasos consumidores locales eran leídos en francés, y era esa la lengua que las “clases cultas” o acomodadas del país aprendían. En francés se declamaban poemas y citaban frases célebres, y a Paris se enviaban traducciones de las obras de escritores y propagandistas nacionales.(…)
(..)El Instituto Paraguayo, fundado hacia 1890, contaba con unos ciento cuatro estudiantes a comienzos de siglo, de los que seis eran mujeres. Respetado espacio de discusión y formación, sus salones se convirtieron en tribuna de teóricos y conferencistas europeos como Pietro Gori, Rey de Castro, Guido Boggiani, Moisés Bertoni, Viriato Díaz Pérez y Rafael Barret. La Revista del instituto editaba artículos históricos, antropológicos y de Geografía Natural, y logró una continuidad remarcable.
Tres intelectuales-Manuel Gondra, Cecilio Báez y Manuel Domínguez- eran maestros reconocidos de la intelectualidad paraguaya, y en las artes plásticas, el taller de Da Ponte estaba formando la nueva generación de artistas locales: Samudio, Alborno, Colombo, Almeida, etc.
Cinco diarios –El Cívico, El Diario, Los Sucesos, La Patria y La Ley- y varios periódicos (Tribuna, El Pueblo, El Enano, Rojo y Azul, etc.) se distribuían en la capital, donde llegaba también regularmente la prensa bonaerense. Las revistas satíricas –Cri-Kri, Tipos y Tipetes, Rojo y Azul- gozaban de mucha popularidad, y El Enano, con caricaturas humorísticas y artículos en guaraní y español, tenía una extraordinaria aceptación en medios populares.
Carreteros, burreras, peones, placeras, mujeres de pueblo, todos de tez morena, vestidos de blanco e indefectiblemente descalzos, hombres armados y emponchados, mujeres envueltas en oscuros rebozos, eso era lo que Elías García –el jefe de la Policía que hizo carrera en Buenos Aires- pretendía desterrar fuera de los limites de una Asunción que se quería elegante y señorial. Edictos contra el uso de ponchos, contra el consumo de cigarro poguasu entre las mujeres, contra sus llamativos mantos, e intentos de desalojar el Mercado Guasu del centro de la ciudad se repiten infructuosamente en esos años. El guaraní intentó ser reprimido con nuevo rigor, y Mons. Bogarín despotricaba en sus Cartas Pastorales contra las heterogéneas manifestaciones de religiosidad popular –los pesebres al niño Dios, los Curusu-Yegua, los kamba ra`anga, y sobre todo, contra los festivos velorios de “angelitos”-, sin mayor éxito.(…)
Humanismo. Serafina Dávalos (Centro de Documentación y Estudios CDE. 2007. Segunda Edición) Págs XVI – XIX. Presentación de Milda Rivarola.
Y en cuanto al escenario político podemos ver que el mismo era muy agitado y convulsionado, del mismo material consultado resaltamos cuanto sigue:
(…)Una joven generación de intelectuales –Juan E. O’ Leary, Modesto Guggiari, Ignacio A. Pane, Gómez Freire Estévez- empieza a manifestar posiciones nacionalistas hacia 190,. que irremediablemente pasaban por la polémica en torno al Mcal. López y la Guerra Grande. De las discusiones teóricas se pasa a los actos, y en setiembre de ese año una manifestación en honor al Gral. Diaz, héroe de la Guerra de la Triple Alianza –donde hablan Pane y O’ Leary- es brutalmente reprimida por los efectivos de García. Jóvenes descontentos con la gestión de liberal fundan un efímero Partido Constitucionalista o de la Juventud Independiente, con lemas antipartidarios, y el Coronel Albino Jara, próximo a ellos, da un golpe contra el Gral. Ferreira al año siguiente. Golpe que algunos historiadores vieron como reacción lógica contra las arbitrariedades del Jefe de la policía Elías García y sus impopulares medidas.
1907, año de una aguda crisis económica, fue también el del primer reflujo del movimiento obrero, que había logrado un marcado desarrollo desde la revolución liberal de 1904. La Federación Obrera Regional del Paraguay (FORP) se constituye en 1906 y edita durante dos años su órgano, El Despertar. Algunos gremios –ebanistas, albañiles- reivindican y obtienen la jornada máxima de 8 horas de trabajo, y la radicalidad de algunas huelgas –en el ferrocarril, entre tranviarios, carreteros, peones de aduana, etc.- al año siguiente encuentra la violenta reacción patronal: empresarios madereros y propietarios de hojalaterías inauguran en Asunción la práctica de lock-out (huelga patronal) o cierre de fábricas, como respuesta a las huelgas obreras.(…)
Humanismo. Serafina Dávalos (Centro de Documentación y Estudios CDE. 2007. Segunda Edición) Págs XVI – XIX. Presentación de Milda Rivarola.
“La llamada República Americana es una oligarquía de hombres. Nuestras soñadas libertades no nos caerán del cielo, hay que luchar por ellas para obtenerlas” (Dávalos, 1990; p. 38).
Dávalos, Serafina
“Fue la primera abogada y considerada la primera feminista del Paraguay. En 1907 había obtenido el grado de doctora en Derecho a la edad de 24 años con la presentación de sus tesis “Humanismo”, la cual es una ferviente defensa del feminismo, a más de una crítica del sistema cultural, educativo, político y jurídico del Paraguay en ese entonces. Un párrafo de su obra expresaba lo siguiente: “Si queremos construir un país verdaderamente democrático en que la libertad, la justicia y la igualdad, sean hermosas realidades, debemos empezar por organizar el hogar, sobre la base de una perfecta igualdad”. Pensamiento de notable vigencia en la actualidad.
Nació Serafina Dávalos en la ciudad de Ajos, hoy Coronel Oviedo, en 1883. De niña se trasladó con sus padres a Asunción. En 1898 egresaba de la Escuela Normal de Maestras y luego del Colegio Nacional de la Capital. En 1908 ocupaba el cargo de miembro del Superior Tribunal de Justicia, el organismo de más alto rango en el Poder Judicial. Fue la primera mujer en conquistar dicho cargo. Atipicidad docente y su magnífica profesión de abogada le permitieron obtener una solvencia económica en las primeras décadas del siglo XX.
Fue una bizarra pacifista. En 1904 firmó con otras mujeres una solicitud de paz a los revolucionarios de la guerra civil que terminó con la caída del Partido Colorado y el advenimiento del Partido Liberal en el gobierno de la República.
Ganó fama como intelectual. En 1907 integró el cenáculo de “La Colmena”, sitio adonde acudían los más ilustres pensadores de la brillante generación del 900. Uno de ellos, Rafael Barrett ilustrado anarquista de origen español que ejerció gran influencia en las ideas libertarias en las primeras décadas de este siglo, llamó a la Dávalos “La reina de La Colmena”, “Una colmena sin reina, no está completa”. Y ella desempeñó ese rol.
Reconocida internacionalmente. En 1910 asistió como delegada oficial del Paraguay al Congreso Internacional Femenino celebrado en Buenos Aires, donde presidió la Comisión de Derecho y, a pedido de la organización, clausuraba el evento con un elocuente discurso. Allí mismo fue nombrada Miembro del Comité Ejecutivo de la Federación Panamericana de Mujeres. Fue además cofundadora del Centro Feminista Paraguaya en 1920. Sus actividades educativas y feministas le permitieron desempeñar varios cargos de relevancia en organizaciones de ese género.
Falleció en la más triste pobreza el 27 de setiembre de 1957. Sus restos descansan en el Cementerio de la Recoleta. Por sus actividades y creencias positivistas se le negaron funerales cristianos” (M. G. López Moreira)
Forjadores del Paraguay (pags. 184-185)
Algunas frases y escritos de Serafina…
- Fragmento del discurso de Serafina Dávalos en la clausura del Primer Congreso Femenino Internacional de la República Argentina, organizado por la Asociación “Universitarias Argentinas” en Buenos Aires, Mayo de 1910
“En primer lugar, el carácter democrático del Estado, es puro “mito “, porque la “democracia”, que supone como “condictio sine qua non”, la igualdad, la libertad, el respeto de la propiedad, no podría admitir fueros de nacimiento, haber nacido varón o mujer, privilegios de clases, según el sexo al que pertenecen los individuos, consagraría de verdad los principios de los cuales orgullosamente blasona. Sin embargo, en todos los países en cuya carta magna no se hacen declaraciones expresas, privando a la mujer del derecho al sufragio, debe entenderse que no se halla excluida de él, porque toda vez que se trata de interpretar las leyes hay que ampliar el sentido de las favorables y restringir las desfavorables; este principio de interpretación es de aceptación universal por el espíritu de justicia que informa y por hallarse rigurosamente ajustada a los preceptos de la razón y de la equidad. En cuanto a la constitución particular de mi país, se decirles que la ciudadanía es común al varón y a la mujer, puesto que en su Art. 35 estatuye que son ciudadanos paraguayos “todos los nacidos en territorio paraguayo”, y en su Art. 38 declara que pueden ejercer el derecho del voto los ciudadanos desde la edad de 18 años, siempre que no tengan los impedimentos legales establecidos en el artículo siguiente y al hacer la enumeración de ellos, no menciona la condición de sexo como impedimento; y la regla principal de interpretación la establece en el Art. 23, sentando que: “Nadie está obligado a hacer lo que no manda la ley, ni privado de hacer lo que la ley no prohíbe”, y el Art. 34, complementa declarando que los principios, derechos y garantías no enumerados, pero que se desprenden del principio republicano de gobierno, son igualmente consagrados por la Constitución”.
Libro: “Alquimistas”. Line Bareiro, Clyde Soto, Mary Monte. Centro de Documentación y Estudios. Asunción. 1993. p. 75
Un comentario que hace Josefina Plá sobre Serafina publicado en el suplemento cultural de ABC Color en los días 7 y 14 de abril del 1991 dice cuanto sigue:
“… No es tarde para leerlo. Todo lo que dice tiene hoy para infinitas de nosotras –doloroso decirlo- el mismo duro y vibrante valor clarificador. Aún pueden leerse sus páginas enteras sin cambiarle una coma…
Leedlo, mujeres paraguayas… “Quien lee ese libro, lee a una mujer”, paraguaya de cuerpo y alma enteros, que es también la mujer universal del porvenir que la mente bárbara del “progreso” se lleva consigo, si ella no llega a tiempo con su intervención para madurar otra Historia de la Humanidad. Y que dijo su verdad –que es la de cada uno de nosotros- por igual, a hombres y mujeres, a la vez. Para lo cual se necesita ser mujer, muy mujer” Josefina Plá
Libro: Alquimistas. Asunción 1993. Centro de Documentación y Estudios. pag. 87
- Comentario a la edición facsimilar de Humanismo, de Serafina Dávalos
A partir del nacimiento de nuestra república soberana, con la generación de los próceres se abrió un camino donde paraguayos y paraguayas asumieron el desafío generacional en cada momento de la historia, de construir una mejor sociedad.
Entendemos por próceres no solamente a los que participaron de la independencia sino a todos los paraguayos y las paraguayas, que se comprometieron en diferentes momentos históricos y lucharon por crear, fortalecer, afianzar los diferentes derechos en nuestro país.
¿Queres conocerlos?
