¿Y cómo eran los próceres?

Si bien los libros de historia que hasta hoy estudiamos nos muestran que los protagonistas solo son aquellos que estuvieron la noche del 14 y 15 de mayo, también hubo otra gente que participó de diferentes maneras de la gesta de independenci.

Los protagonistas no fueron solo militares, así los describe el libro Crónica Histórica Ilustrada del Paraguay- Tomo II:

“Militares, civil y sacerdotes fueron los líderes de la emancipación Paraguaya. El clero en su mayoría se declaró a favor de la causa de la independencia. Francisco Javier Bogarín, Fernando Caballero, el Canónico José Agustín Molas y muchos otros. Dentro de la Iglesia, sin embargo, hubo ministros que legitimaban el poder real y objetaron la actitud de los patriota”.

El historiador Efraín Cardozo caracteriza a los próceres de la siguiente manera:

Calidad intelectual de los próceres. Resalta no sólo la solidez de las argumentaciones doctrinarias en los documentos emanados de los próceres de la independencia, sino también la galanura de su estilo. Debe expresarse en obsequio de la verdad, que la documentación paraguaya era muy superior, desde tales puntos de vista, a la que produjo, por el mismo tiempo, la revolución de Buenos Aires. En las provincias del Sud era voz común que “los paraguayos son los que saben”. Es casi seguro que el doctor Francia fue el autor, único o principal, de algunos de esos documentos, pero de esto no cabe inferir que fuera el solo capaz de redactarlos. Es sabido que estuvo totalmente alejado del gobierno por largos meses, primero en agosto y setiembre de 1811, y luego desde diciembre de 1811 a noviembre de 1812, y en uno y otro período, sobre todo en el segundo, fueron numerosos los documentos emanados de la Junta que en nada desmerecen a los que llevan la firma de Francia. Algunos de ellos son verdaderamente notables, como las Instrucciones a los Maestros de Escuelas y los Bandos de enero de 1812 que comentamos en otro lugar. Lo cierto es que el nivel intelectual de los demás próceres no era muy inferior al del doctor Francia, por más que éste se solazara en burlarse de la supuesta falta de conocimiento de sus colegas.

El doctor Francia. Nacido en Asunción hacia 1766, egresó como doctor en Teología de la Universidad de Córdoba a los 19 años de edad. Fue, de regreso a su país Colegio Seminario San Carlos, y luego ejerció la profesión de abogado y fue Alcalde de 1er. Voto del Cabildo. Elegido en 1809 diputado de la Provincia, para la Junta Suprema de Sevilla, he aquí como el Cabildo de Asunción lo presentó al Virrey Cisneros: “persona de conocido talento, y de una instrucción bastante general, al paso de ser de un carácter pacífico, prudente y moderado, y de bien acreditada honradez e integridad y de arreglada conducta”. Agregábase que Francia había tenido “particular aplicación al estudio del Derecho, en cuyas materias ha manifestado a satisfacción del público y de los Magistrados suficiente capacidad y extensión de conocimientos”. Era Francia el paraguayo de más luces en su época.  Poseedor de un talento poco común, la gran pasión que se le conoció antes de 1811 fue la lectura. En su biblioteca figuraban al lado de los mejores autores españoles, en primer lugar Cervantes, las obras de Voltaire, Rousseau, Volney, el abate Raynal, Rollin, Montesquieu, Laplace, la lógica de Aristóteles, los Elementos de Euclides, los clásicos del derecho, algunos de ciencias experimentales, otros de literatura francesa y latina en sus respectivos idiomas. No sólo le apasionaba la lectura sino también las ciencias experimentales, la astronomía y las matemáticas puras. Al inglés Robertson, cuando viajó a Buenos Aires en 1814, le encargó un telescopio, una bomba de aire y una máquina eléctrica. No le eran, sin embargo, desconocidas a sus compatriotas, al lado de estas cualidades, otras no tan recomendables. Irascible y violento, ya en Córdoba se le conocía con el mote de “tirano”. Nunca abandonaba su puñal y eran notorias su intrepidez, su resolución y su sangre fría, así como su inclemencia con quienes le contrariaban. Una vez en el Paraguay, gustaba hacer ostentaciones de sus conocimientos  y aun apabullar a quienes se encontraban en un nivel más bajo de ilustración. “Fiado en cuatro términos de Filosofía, quiere avasallar a todos”, protestó en 1803 un escribano que sufrió una humillación al notificarle cierto auto judicial. Rencoroso no personaba a nadie en sus pasiones. Ni siquiera en el lecho de muerte de su padre se reconcilió con él. Célibe, no tenía amigos ni se le conocieron amantes. Vivía solitario en su quinta de Ybyray, lejos de la ciudad. Atrabiliario, hipocondríaco y desdeñoso de la sociedad que puso en duda la legitimidad de sus timbres heráldicos, suscitó sin embargo el respeto de sus compatriotas. No en balde Francia vivía en un pueblo donde el hombre docto era consuetudinariamente reverenciado, y donde, desde Remandarías, se pensaba que “sin saber no hay gobierno”. Era un “arandú” y por eso se le sabía destinado, pese a todas las rarezas de su carácter, a tomar en sus manos el timón de la nueva patria.

Mariano Antonio Molas. Nació en Asunción en 1780. Cursó estudios en su ciudad natal y en el Colegio de San Carlos de Buenos Aires. Practicó derecho en el estudio de Juan José Castelli.  Fue el tribuno del Congreso de Junio. A él se debió el principal discurso pronunciado en la memorable reunión, así como las proposiciones que finalmente fueron aprobadas. Amigo del doctor Francia, fue propulsor de la dictadura unipersonal que se implantó en 1814, pero ya no de la perpetua, sancionada dos años después, que calificó de “monarquía con máscara republicana”. Desde ese momento incurrió en el desagrado del Dictador que aprovechó un incidente tribunalicio en 1828 para arrojarlo en la cárcel. Permaneció allí doce años, hasta la muerte de Francia. Aprovechó su largo encierro para componer la “Descripción Histórica de la Antigua Provincia del Paraguay’^ el primer libro escrito por un paraguayo en la época independiente. Aparte de contener el único relato de los acontecimientos de la Revolución debido a un protagonista, esta obra es valiosa por la multitud de datos sobre la geografía y la economía del Paraguay, extraídos de un informe del gobernador Alós. Molas era un panfletario formidable como cuando describe “para que la posteridad llegue a saber que la República del Paraguay gimió veinte y cinco años bajo la férula férrea de un dictador pulpero y monopolista, que para mandar vender agujas, cintas, pimienta, avellanas, etc., primero se ocupaba en varear sólo las piezas de cinta y contar las agujas y demás cosas”. Molas sobrevivió a la dictadura pero después se perdió en la obscuridad. En 1846 vivía aún en Caapucú.

Fernando de la Mora. Nació en Tapuá en 1785 y cursó estudios en el Colegio de San Carlos de Buenos Aires. Se afirma que fue alumno egresado de la Universidad de Córdoba. Actuó en la Defensa de Buenos Aires en 1806 y 1807. Su nombre aparece entre los congresales de junio. Integró la primera Junta Gubernativa. Dirigió la expedición para la recuperación de Fuerte Borbón. Pronto se atrajo la enemistad de Francia que vio en él un rival peligroso. En el tiempo en que el futuro Dictador se apartó del gobierno, casi todo el año 1812, fue el numen de la Junta. A su pluma se deben los importantes documentos sancionados en ese período. Su estilo era un tanto pomposo y gustaba hacer muchas citas bíblicas, clásicas e históricas. Sus cuadernos de apuntes lo revelan como buen conocedor del derecho constitucional norteamericano y de los autores latinos. Intercambió correspondencia con Artigas. Francia logró que se le expulsara de la Junta el 18 de setiembre de 1813, fulminado por cargos que la crítica histórica considera infundados. Más tarde, hecho ya Dictador, Francia le arrojó a la cárcel. Amaneció muerto en su celda hacia 1835.

Francisco Xavier Bogarín. Nació en Carapeguá en 1763. Estudió en la Universidad de Córdoba Fue compañero de los próceres argentinos Juan José Paso y Mariano Medrano. Se ordenó sacerdote y se graduó de doctor en Teología. Ya en el Paraguay fue designado profesor de Prima Teología del Colegio Seminario, en oposición a Francia. Actuó como secretario de cámara del obispo Videla del Pino. Integró la primera Junta Gubernativa Era enemigo acérrimo de Buenos Aires. En el Congreso de Junio propuso que la autoridad a erigirse se denominara Gobierno Provincial y no Junta “como por arrogada y abusiva superioridad nos lo quiere imponer la de Buenos Aires, a quien no nos sujetamos”.

Sus desinteligencias con Francia fueron motivo del retiro de éste del gobierno. El Cuartel resolvió removerlo para aplacar a Francia que con tal motivo fulminó una filípica contra los desmanes del militarismo. De todos modos, Bogarín ya no volvió más a la Junta. Según la tradición, era hombre de gran cultura y excelente orador. El Cabildo de Asunción afirmó que él y el Dr. Francia eran “los hombres más sabios según la común opinión de la Provincia”. Nada se sabe de su actuación posterior. Las sombras de la dictadura le sumergieron en el olvido. Hacia 1837 ya había fallecido.

José  Agustín Molas. Nació en Santa María en 1787. Se ordenó de sacerdote en el Colegio Seminario de San Carlos. Fue capellán del ejército paraguayo en la campaña contra Belgrano. En la batalla de Tacuarí actuó valerosamente para auxiliar a los heridos, aun a los propios enemigos. Al día siguiente del armisticio, el 10 de marzo de 1811, mantuvo una importante conferencia con el general Belgrano. Su texto nos es conocido porque los españoles realistas de Montevideo lo publicaron poco después en un folleto. “Un modesto cura paraguayo discutió de igual a igual con un egresado de la Universidad de Salamanca y hombre cultísimo como era Belgrano”, dice el historiador Julio César Chaves. Molas refutó con habilidad los argumentos de Belgrano. El debate demuestra que poseía recursos dialécticos y un perfecto conocimiento de los puntos de vista del Paraguay. Después de la revolución sus rastros se pierden.

Fray Fernando Caballero. Nació en Tobatí en 1750. Profesó en la orden de San Francisco y estudió en la Universidad de Córdoba, en la cual fue también profesor. Era tío del doctor Francia En 1810 presenció el movimiento revolucionario de Buenos Aires, del cual se hizo entusiasta partidario. Estuvo en Asunción cuando estalló la Revolución del 14 de mayo. Llamado al cuartel para informar sobre el Doctor Francia, cuya designación había sido objetada por algunos oficiales, dijo: “Yo respondo con mi sangre del modo de pensar de mi sobrino Gaspar”. Fue de los que insistieron ante Francia para que retornara a la Junta cuando se retiró de ella. Hasta 1816 permaneció retirado en su Convento. Cuando Francia pensó establecer la dictadura perpetua fue visitado por su tío “habiéndole con el prestigio de su saber y el ascendiente de su acendrado patriotismo, en el sentido de no implantar un gobierno de tiranía y absolutismo”, según refiere el Padre Fidel Maíz. No logró disuadir al Dr. Francia. También le fue denegado permiso para marchar a Buenos Aires. “De la celda al cielo”, exclamó y se retiró para siempre a los claustros, y “así se consumó”. Tenía entonces 66 años. Nada se sabe de su fin.

Actuación del Clero. En su totalidad el clero paraguayo, y en gran parte el español, se declaró en favor de la causa de la independencia. Ya vimos la actuación del Padre Francisco Javier Bogarín, de Fray Fernando Caballero y del Canónigo José Agustín Molas. El obispo titular Fray Pedro García de Panes, español, intercedió durante el movimiento para evitar efusiones de sangre; y luego se abstuvo de toda actividad. Pero el Provisor y Vicario General Dr. José Baltazar de Casafus, correntíno, y el clero de toda la provincia, con un total de 15 presbíteros y cinco frailes de órdenes religiosas, tomaron asiento en el Congreso de Junio y dieron su voto afirmativo a las proposiciones de Molas. Entre los sacerdotes figuraron varios doctores, el Dr. José Hipólito Quintana, cura rector de la Catedral, el Dr. Bogarín, el Dr. Juan Antonio Riveros, el Dr. Juan Bautista de Quin Valdovinos, el canónigo Dr. Bartolomé José de Amarilla, y el Licenciado Francisco Antonio Laguardia. El Padre Sebastián Patino, al fundamentar su voto favorable a la moción de Molas, propuso que se preparase “una constitución ventajosa que los indemnice (a los pueblos del Paraguay) de los imponderables atrasos que han padecido bajo de la anterior, poniéndose las riendas del gobierno y administración pública en manos de la confianza y satisfacción de los mismos pueblos”. Fue una consagración por la Iglesia de la doctrina de la soberanía popular.

Fuente: Apuntes de Historia Cultura del Paraguay – Efraín Cardozo